Dioses efímeros

Pudo haber sido una historia de amor al uso. O, simplemente, una aventura más.

Pero ninguna de las dos cosas fue.

Una cita. Nuestra mejor sonrisa.

No tardamos mucho en descubrirnos y quedar atrapados en una mutua y perversa seducción.

Poco tiempo pasó para darnos cuenta de que el placer se nos quedaba pequeño entre sábanas quemadas por el reiterado fuego de nuestros cuerpos.

No era suficiente perder el sentido. No bastaba quedarse sin aliento. Noche tras noche.

Y entonces, vendimos el alma al diablo, sintiéndonos dioses.

Empezamos a jugar, desafiantes, rompiendo reglas y límites, hasta convertimos en adictos a nosotros mismos. Siempre necesitando más y más.  

Pero no calculamos que, en el peligroso juego, podíamos ser el trofeo del cualquiera, como así ocurrió.

Supimos, en ese justo momento, que fuimos dioses efímeros para acabar convertidos en tristes víctimas de nuestra vanidad.

Y desde el cielo, nos precipitamos al infierno, donde ahora vagamos anhelando lo pudo haber sido pero no fue.

#yolandapalomo