“Mi querida dama misteriosa:

Que cruel eres… Ignoras mis llamadas, mis mensajes y mis regalos.

Aún así, todavía espero que me envíes tu llave mágica, porque me atraen y me intrigan tus fantasías.

Son muy parecidas a las mías. Esas líneas rojas que mencionas como si de una música divina se tratase.

¿No te intereso nada?

¿No tienes curiosidad?

¿Eres real?

El poder de las palabras, la sutileza del encanto que refleja tu mirada, la irreverencia de ser diferente.

Diosa entre las diosas. Algo me dice que tu poder es infinito.

Me gustaría regalarte mucho más que palabras escritas.

Envolverte con mi cuerpo ardiente susurrando tu nombre.

Respirar tu aliento, besar tu cuerpo y lamer cada gota de sudor de tu piel.

Persigues un sueño y yo un tesoro.

Déjame ofrecerte mi beso, tan sutil como mis palabras, tan furtivo como la noche y tan sensual como mis caricias.

Te abrazo tiernamente, mi dama”

“Pureza”